Persona del Año 2013: Miguel Bosé

Persona del Año 2013: Miguel Bosé

Por Fernando González

Siendo hijo del torero Miguel Dominguín y la actriz Lucía Bosé, nació con un apellido famoso. Debutó en el cine a los 15 años y como cantante a los 21. Estudió danza con Martha Graham y Alvin Ailey. Trabajó bajo la dirección de Pedro Almodóvar y Andy Warhol. Y con una carrera de más de 35 años, que incluye 24 discos, un Latin GRAMMY, éxitos internacionales como “Bambú”, “Linda”, “Amante Bandido”, “Nena” y “Como un lobo”, Miguel Bosé hace rato que ha construído un nombre propio. O como él mismo dice, sus dos nombres: Miguel, el ciudadano comprometido socialmente, y Bosé, el artista de fama internacional.

En una entrevista exclusiva con La Academia Latina de la Grabación, el cantante, compositor, intérprete, bailarín clásico y actor de cine y teatro Miguel Bosé habló sobre su extraordinaria carrera así también como de su compromiso social.

La Academia Latina de la Grabación tiene el orgullo de honrar a Miguel Bosé como su Persona del Año 2013. Este premio reconoce su contínua búsqueda de innovación artística y su evolución como cantante, compositor e intérprete. Pero también le rinde homenaje a su labor en causas de profundo impacto local y global, ya sea promoviendo la idea de la paz como derecho fundamental de la humanidad; buscando mejorar el futuro de niños indígenas en México; protegiendo los mares; tomando una posición en la lucha contra el negocio global de armas o apoyando la lucha para erradicar el SIDA. Una parte de la recaudación de esta prestigiosa gala de La Academia Latina de la Grabación será destinada a financiar programas educativos y de trabajo en la comunidad para beneficiar a jóvenes estudiantes.

Tú has sido siempre un artista innovador. Sin embargo dos de tus proyectos más recientes, Papito (2007) y Papitwo (2012), nominado para Álbum Del Año, fueron una mirada atrás, volviendo a visitar viejos éxitos en duetos con artistas amigos. ¿Cómo surgió ese proyecto y cuál fue tu intención?

Yo acababa de lanzar Velvetina (2005) y estaba pensando en darle continuidad porque sentía que había abierto una brecha de composición que me parecía muy interesante. Y (ese proyecto) ya estaba en realidad muy adelantado cuando llega Rosa Lagarrigue, mi mánager, y dice: “¿Sabes que el año que viene cumples 30 años en la profesión? Yo creo que habría que celebrarlos”. Y la primera respuesta que tuvo por mi parte fue un ‘no’ rotundo. No celebro ni mis cumpleaños, imagínate tú si voy a celebrar eso.

Pero ella es una especialista en sembrar semillas de discordia en mí y me dejó pensando. ¿Qué pasaría, qué me pasaría, si me enfrentara a lo que he sido? Y ésa es una pregunta que aterra y al mismo tiempo crea una enorme curiosidad. Así que al tiempo aparqué la composición en curso, me serví un enorme vaso de whisky y toda la pila de mis CDs pensando ‘en algún momento tendré que anestesiarme. No creo que me vaya a soportar en muchas cosas que hice en el pasado.’ Y puse el primero y de ahí seguí escuchando y escuchando... y nunca tuve que tocar el vaso.

¿Cómo fue escuchar esos trabajos con la perspectiva de los años y la experiencia?

Hay algo en lo que yo no había reparado, en parte porque nunca había hecho este ejercicio, pero me di cuenta de que había una inmensa coherencia en esa carrera, desde el principio hasta hoy. Y a lo largo de la discografía empecé a ver cómo se hilaba una cosa con otra. Me encontré por ejemplo con que en mi segundo álbum (lanzado en 1978) está el tema “Jinete del Apocalipsis” y ya ahí se ve Bajo el Signo de Caín (1993) Ahí está ya lo que iba a llegar más tarde. En el fondo había un proyecto de tiempo, una manera de entender la música y hacer música.

En tus conciertos se ve un trabajo de escenificación de la canción, la coreografía, el diseño y la iluminación. ¿Cómo ha influido tu trabajo en otras disciplinas — el cine, la danza, el teatro — en tu manera de enfocar la música y la interpretación?

Absolutamente se cruzan. Yo hago teatro, hago cine, he estudiado comedia musical, he sido bailarín clásico, he estudiado mimo y de alguna manera, cuando empiezas a hacer música, entra todo ese bagaje. Todo eso es parte de mi mundo y mi lenguaje. Luego va tomando diferentes formas, pero lo que queda en los espectáculos es una teatralidad muy grande.

No hay muchos que intentan, y menos aún que logran, hacer de una canción una pequeña obra de teatro de tres minutos...

Es que ahí surge el intérprete de la canción. El autor ya ha hecho su trabajo, el compositor ya ha hecho su trabajo, el productor ya la produjo y ahora el público viene a escucharte y ver qué versión propones tú de esa canción que ellos ya han hecho suya.

¿Cómo ves tu rol de activista en relación a tu trabajo de artista?

Ahí es el ciudadano Miguel el que se involucra en esas causas, se embarca en proyectos que le interesan y utiliza a Bosé para mediatizar. Yo vivo una dicotomía muy clara que es Miguel y Bosé, dos personas que viven en un mismo cuerpo y no se soportan. Uno es Bosé, un tipo que no tiene reglas, un tipo creativo, que lo que le interesa es explorar, que no tiene mucho sentido del tiempo, que vive el momento, va para adelante y al que a veces hay que ponerle un bozal. Pero él sabe que sin Miguel no podría llegar a tener la tierra fértil donde poder desarrollarse. Entonces acuerda con Miguel el pagarle las cuentas, y a cambio Miguel le ordena un poco la vida. Cuando se trata de temas sociales es el ciudadano Miguel.

¿Puedes hablar un poco de las causas en las que estás involucrado? Las temáticas son muy variadas: Paz Sin Fronteras, Oceana, las Aldeas Musicales con la Fundación CIE en México, una gala anual para recaudar fondos para la Fundación Lucha Contra el SIDA, Intermón OXFAM...

Paz Sin Fronteras es una fundación que tenemos Juanes y yo en la que luchamos para que el derecho a la paz sea considerado y codificado como derecho humano universal. No te lo creerás, pero la paz no es un derecho. Lo que queremos es que las Naciones Unidas lo reconozcan en su declaración de derechos universales. Si existiera una cultura de paz, los otros derechos no habría ni que pedirlos. El derecho a la educación, al trabajo, a participar libremente de la vida cultural de la comunidad, en un país en guerra... ¿para qué te sirve?

Mi trabajo con Oceana tiene que ver con que mucho antes de ser músico quería ser oceanógrafo. Tenía, y sigo teniendo, pasión por los mares. Hago buceo de profundidad y filmo. Creo que esto llegó a los oídos de Xavier Pastor [Senior Vice Presidente y Director Ejecutivo de Oceana en Europa] y me invitó a unirme a ellos. Para mí la protección de los mares y los océanos es vital y es un privilegio. Hasta hace dos años salía con [Oceana] en sus barcos, pero fui papá y ahora estoy ocupándome de mis cuatro pececitos así que hago otro tipo de trabajos. Pero navegar con ellos siempre es un placer y en algún momento volveré a hacerlo.

Con la Fundación CIE en México colaboro en un proyecto llamado Albergues Indígenas “Aldeas Musicales”, dedicado a las comunidades indígenas. Es un trabajo patrocinado por grandes empresas y personas. Se trata de construir albergues en lugares remotos. En estos albergues se recogen niños y niñas, a partir de los 4 años y hasta los 17, y allí se les ofrece cama y comida, estudian bachillerato, aprenden castellano, un oficio y un instrumento musical. Muchos de ellos salen luego becados a una universidad. Ya tenemos cinco de estos albergues.

También colaboro con Intermón OXFAM [Nota del Editor: el año pasado Bosé participó en la campaña que pidió al Secretario General de las Naciones Unidas medidas para regular el negocio global de la venta de armas.]. También, desde hace siete años, tengo una gala anual para recaudar dinero para la Fundación Lucha Contra el SIDA en Barcelona. Ellos están haciendo un gran trabajo en dos líneas, una de investigación para una vacuna contra el VIH y otra de mejora de la calidad de vida del enfermo de SIDA.

¿Dicho todo esto qué significa entonces para ti este premio a La Persona del Año 2013 de la Academia Latina de la Grabación?

Para mí, es uno de los premios máximos que puedo recibir en mi carrera porque se premia al músico y a la persona. Premian a Miguel y premian a Bosé. Premian a Bosé por su aportación a la música y tiene que ver con mi manera de entender la música, mi carrera y lo que pueda haber aportado a la industria. Y es nada menos que La Academia Latina de la Grabación quien lo da. Pero por otro lado también premian al ciudadano y los compromisos que ese ciudadano ha tomado. Se está premiando al nombre y al apellido. No hay otro premio como éste.

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